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martes, 20 de noviembre de 2012

La publicidad en el sector de la alimentación

Vivimos rodeados de anuncios. Desde que salimos de casa, hasta que vemos el último anuncio en la televisión antes de irnos a dormir, somos bombardeados por oleadas de publicidad. Estos espacios publicitarios anuncian todo tipo de productos y servicios entre los que, por supuesto, se encuentran los productos alimenticios.

Son muchas las marcas que anuncian sus productos, ya sea en televisión, radio, prensa o internet. Estas empresas tienden a añadir a sus productos extrañas sustancias a fin de aumentar el precio de dichos alimentos y aumentar el margen de beneficio. Destaca la cantidad de bacterias que, según los anunciantes de productos de alimentación, amenazan nuestra salud a diario. Esta amenaza no es tan temible como se dice, pues en muchos casos se pretende que la audiencia recurra a ellos por el miedo a enfermar bajo una de estas múltiples bacterias y sustancias presuntamente dañinas para el organismo.

Las empresas alimenticias que más utilizan este tipo de engaño son las de la rama de los productos lácteos. Ya el año pasado, la marca Danone fue denunciada por exagerar los efectos de uno de sus yogures -Activia- en sus anuncios de televisión. Un investigador francés, Didier Raoult, lanzó un estudio en el que demostraba que las bacterias que Danone (al igual que otras marcas) introduce en sus lácteos -lo que se conoce como "probióticos"- es uno de los causantes del aumento de la obesidad infantil actual. En Francia, dicha publicidad se suprimió, mientras que en Estados Unidos, la multinacional se vio obligada a pagar una multa de $21 Millones

No obstante, no es el único sector donde se publicitan productos con afirmaciones que son de dudosa veracidad. Ya es archiconocido el caso de los alimentos "light": productos que, según sus productores, tienen una cantidad de calorías inferior al mismo producto convencional. El grupo Eroski sacó a la luz en 2005 un estudio en el que se detallaba que, de 52 alimentos "light" que fueron analizados y comparados con otros normales, un tercio no se podían considerar tales y el resto no reducían el aporte calórico de una manera tan significativa como se publicitaba.



Lo que parece cada vez más claro es que no podemos asumir como verdades categóricas las afirmaciones que podamos ver en los anuncios de productos alimenticios, pues productos que nos son vendidos como saludables pueden resultar no serlo.

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